Showing posts with label Por dentro. Show all posts
Showing posts with label Por dentro. Show all posts

18 January, 2012

Ducha filosófica

Anoche, mientras me duchaba, miré por la abertura de la cortina y vi la toalla de manos colgada de su gancho, descuidadamente. Vi el cepillo de dientes de Bambú pegado con sus dos mini-ventosas en un azulejo sobre el lavabo. Vi el dispensador de jabón de manos Deliplus. Vi mi ropa sucia tirada de cualquier manera en el suelo. Y pensé que todo puede cambiar en un segundo. La vida se puede volver del revés como un calcetín, en lo que dura un parpadeo. Lo que ahora es, en el instante siguiente estalla en mil pedazos.

Tengo miedo, y hace unos años no lo tenía. No sé si es por los cambios maravillosos que he vivido, o porque me hago vieja.

Se supone que cuando cumplimos años nos hacemos más sabios, pero yo lo que he adquirido es nuevos y terribles miedos.

Hace unos meses encontré la inspiración en un perro flaco. Se le marcaban dolorosamente todos y cada uno de sus huesos. Tenía los ojos brillantes, las orejas tiesas, y caminaba decidido sorteando coches y peatones. ¿A dónde iría con esa determinación? Me contesté a mí misma: "Al cielo de los perros, porque lo va a escachar un coche dentro de nada". Y repliqué: "Tal vez sí, tal vez no. Pero sea como sea, en este instante, no tiene miedo a la muerte, al dolor, a la enfermedad, al hambre, ni a la soledad".

¿Por qué yo sí?

18 August, 2011

¿A dónde va?


Saray Li, me dueles



Cuando te conviertes en condensador de sentimientos. Cuando tienes una fuente potentísima de energía de amor, que ha estado en tu útero o no, eso es anecdótico. Cuando acumulas, y acumulas, y acumulas. Cuando das, y das, y das.
¿A dónde va todo eso, si tu motor se para, si en tu universo aparece de pronto un vacío de amor terrible e imposible de reparar? ¿Qué hacer con todo ese sentimiento? ¿A dónde va?
¿A dónde ir?

05 May, 2011

Cumpleaños FELIZ




Esta entrada hay que leerla con los altavoces y oyendo la banda sonora original que YouTube ha tenido a bien prestarme.


Cuando era chica estaba obsesionada con la serie de TV "Nacida Libre". Tanto me transportaban los capítulos a la mágica Kenia, que siempre pensé que, si tenía una hija algún dia, la llamaría Elsa. No pude esperar, y bauticé con ese nombre a una perra que me encontré, y que a la semana, se escapó para no aparecer más. Luego llamé Elsa a una gatita recién nacida que alguien me dio para que salvara pero fue un error. Así que decidí que mi hija no se llamaría Elsa. Por si se escapaba o resultaba ser varón.

Hace unos días celebré mi no sé cuántos cumpleaños, sin grandes ambiciones: tartita de Mercadona, el Pulgón, Bambú y yo. Soplé velas, repetí deseo que ya se cumplió una vez y espero se cumpla de nuevo, y abrí mi regalo: un transistor, sin mp3, ni CD, ni nada. Un transistor para que me acompañe de fondo mientras cocino, o mientras atiendo a los animales. Era justo como lo quería; ni grande ni chico, con pilas y toma de corriente, una antena de las que se dejarán doblar con el tiempo y la vida en familia, y una señal de Onda Cero potente, para que mi amado pueda supervisar las cosas que hago en la cocina.
El Pulgón se fue a hacer sus cosas de pulgón, y Bambú y yo nos quedamos probando el transistor nuevo. Lo enchufé, lo encendí, sintonicé la primera emisora que encontré, y sonó esta canción.
Cogí a Bambú en brazos, y nos pusimos a bailar dando vueltas, mientras ella se reía a carcajadas. Fue uno de esos momentos plenos, en los que tienes la fortuna de ser consciente de lo insoportablemente feliz que eres.

Cerré el círculo, y mi infancia y su infancia están unidas por la misma canción.

06 September, 2010

Me acordé



Estoy viendo "Sálvame". Eso por sí solo, como confesión, es fuerte ¿eh?. Pero para tratar de ser perdonada y no perder todo mi pretigio, ganado tras años de soltar aquí y allá citas célebres, refranes y frases oídas a políticos (a los de la transición, que estos son muy cutres), dejando por doquier la impresión de ser una persona "leída", he de decir que "Sálvame" ha traído hoy la nostalgia y la poesía a mi sala.
La poesía, porque han recitado a Gutierre de Cetina. Si, como lo oyen. Jorge Javier in person.
Y nostalgia porque hablaron de un poema que Baba recitaba cuando uno menos se lo esperaba. Si se hacía un silencio y ella no estaba dormitando (cosa que yo aprovechaba para imitarla con gran regocijo), no lo podía soportar, y hacia una de estas tres cosas:

1. Recitaba "En el piélago inmenso del atlántico...". Cuando llegaba al dramático final, todos nos habíamos quedado con el tenedor a medio camino hacia la boca, por lo brusco del arrebato poético.

2. Cantaba "Un muñequito quise comprarme" , en un tono indefinido que me hace imposible reproducirlo para que alguien me diga de qué se trata. Gracias a internet, que todos los días me digo a mí misma que es magia en estado puro, averigüé que es un cuplé, y encontré la letra, pero no la música. Aprovecho para pedirle ayuda a Lobatón.

3. Recitaba muy seria Ojosclarosserenos, el que me ha traído todos estos recuerdos, y que reproduzco a continuación, porque lo leo y me parece estarla escuchando.

Ojos claros, serenos...

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué si me miráis miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay, tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.

Al que me critique a partir de hoy a "Sálvame"... le recito un poema.


10 August, 2010

Año Lleno


Hace exactamente un año, nació nuestra familia. En el Hall de un hotel, en una ciudad china que ya es para nosotros la más bonita del mundo.
Hace exactamente un año que pude oler su piel y sentirla tibia contra mi cara. Medir con las mías el tamaño de sus manos. Mirar y contar sus pestañas mojadas (¡cómo lloró hace exactamente un año!)

En estos meses he hecho un curso acelerado de muchas cosas. Creo que he aprobado con nota en algunas asignaturas, en otras suficiente rascado, y creo que alguna he suspendido; bueno, pongamos un "Necesita Mejorar". Pero he disfrutado de cada minuto de clase.

Hoy celebro mi primer Año Lleno.

28 April, 2010

Olla Gitana

¿Alguien ha descrito alguna vez lo que se siente por un hijo? ¿De forma que todos lo entendamos y compartamos?
Yo no sé cómo hacerlo, por dónde empezar. No estoy lo suficientemente dotada, ni en manejo del lenguaje, ni en vocabulario, ni en conocimiento de mí misma para poder destripar y describir esta tormenta que tengo justo detrás del esternón, y que se extiende desde ahí hasta llenar cada rincón de no sé qué. ¿Luz? ¿Calor? ¿Colores?

¿Qué es esto que tengo dentro?

Este Alien no estaba cuando recibí la foto de asignación. Estaba una inmensa alegría, emoción, incertidumbre pero de la buena, de la que da maripositas en la barriga. Tampoco estaba cuando viajamos a buscar a Bambú. Entonces reconocí mucha ternura, un instinto de protección feroz, y una capacidad de cuidar que no sabía que tuviera. Y al llegar a casa, la ternura se multiplicó por un millón, la risa, el baile, y siempre presente, el afán de cuidar y proteger. Todo esto lo sé describir, lo reconozco cuando lo leo. Sí, esos exactamente eran mis sentimientos.
Pero este Alien a quien no soy capaz de atrapar y poner bajo el microscopio, que de pronto me ataca por la espalda cuando menos lo espero y me corta la respiración, y me hace pensar "¿¿Pero qué es esto??", este sentimiento misterioso e inaprensible no estaba ahí antes. Nunca antes. Jamás.
No sólo explota en el mismo centro de mi caja torácica y se derrama hasta inundarlo todo, sino que al mismo tiempo me ata a la tierra, de una forma también nueva y desconocida. Nunca antes fui tan real. Me salen raíces de los pies que se incrustan en el suelo y van cada vez más hacia el centro de todo, de lo que sea. Le pueden dar la vuelta a la Tierra que no me caigo. Y no es la fuerza de la gravedad, esa ya estaba antes de conocer a Bambú. Es otro pegamento distinto.
¿Qué es esto que tengo dentro?

===================================================================

Estos días estoy con fiebre y encontrándome mal. Es el momento de echar mano del recetario, y cocinarme una buena Comida de Mimitos. Esta Olla Gitana (tomada de Mª Jesús Gil de Antuñano, con algunas modificaciones) resultó perfecta.



Ingredientes:
- 350 gr entre garbanzos y judías blancas (yo usé sólo garbanzos), puestos en remojo la noche anterior
- 250 gr habichuelas (judías verdes)
- 150 gr calabaza
- 2 peras
- 1 cebolla grande
- 1 cucharada tomate frito
- 2 dientes de ajo
- 10 almendras tostadas peladas (sin sal)
- 1 rebanada de pan
- unas hebras de azafrán
- 1 cucharada pimentón
- 8 cucharadas de aceite
- 2 cucharadas vinagre
- 1 1/2 litro de agua
- sal y pimienta


Procedimiento:
Se pone el ltro y medio de agua en la olla rápida, y cuando hierva, se añaden los garbanzos, se tapa y se cuentan 15 minutos (en la receta ponía 25 minutos, pero fue excesivo, se me rompieron muchos garbanzos). Una vez pasado el tiempo, se aparta del fuego y se espera a que pierda presión para abrir la tapa.
Se abre la olla y se añaden las habichuelas, la calabaza y las peras, peladas y en trozos; se sazona, y se pone a fuego lento.
Mientras, se fríe en el aceite el pan (yo lo tosté), los dientes de ajo pelados y enteros, y las almendras. En una pequeña sartén aparte, sin aceite, se tuesta un poco el azafrán. En un mortero, se pone el pan, los ajos, las almendras y el azafrán (escurrido todo), y dos cucharadas de vinagre. Se maja bien hasta hacer una pasta.
En el aceite sobrante, dorar la cebolla picadita; cuando esté, añadir el pimentón, el tomate frito, y el majado. Remover bien, y añadir a la olla. A fuego lento hasta que la calabaza esté blandita.

Es un puchero muy dulce, por las peras, la calabaza y los garbanzos, pero al mismo tiempo, con el toque del vinagre, las almendras y el ajo. Calentito, reconfortante y creo que curativo.

18 October, 2008

One true thing


Como resulta que ahora estoy obsesionada con Meryl Streep, vi por casualidad que emitían la película en la televisión por satélite y me dispuse alegremente a verla. Estaba sola en casa, el Pulgón tenía una cita ineludible (él dice que va a pescar, pero yo sé que es algo más, tiene un lío amoroso con la costa norte de la isla y su mar gris azulado).
La película ya la había visto y, sí, me había hartado de llorar, pero se me había borrado por completo de la memoria.
Madres (una madre). Hijas (una hija). Cáncer. Dolor. Desintegración, física y emocional, de un cuerpo, de todos los cuerpos, de una casa. No me sentí dentro de la piel de los personajes, demasiado americanos, estructura familiar totalmente distinta (¿sí?), casas perfectas de catálogo, con desorden estudiado y confortable.
Pero la sensación de cansancio, de embotamiento, de total y absoluta rendición, de lucha inútil y victorias ridículas, me dió un golpe en la cara que me dejó aturdida. Lo primero que hice fue apagar el televisor. Luego, muy despacio, como si estuviera soñando, me volví a sentar y me envolví en una manta. No quiero volver a ser esa persona. No quiero revivir esos días, aunque trozos sueltos acumulan polvo en las estanterías de Mi Lugar.
Así que me he puesto a hacer un pan con parmesano y orégano. Toda la casa huele a pizza. Y después pondré manzanas, orejones y pasas en un caldero, a ver qué se dicen. Quiero estar viva hoy. Oler, amasar, sentir el frío que ha traído Octubre. Y repetir la última frase que fui capaz de oir de la película. "It's so much easier to be happy". Lo es.

25 December, 2007

Mi lugar


(Foto janusbc)
No sé dar la dirección exacta. En algún sitio dentro de mí. No figura en Google Maps, pero sé llegar sin perderme. Tiene un techo de cristal, por el que algunas personas se han asomado alguna vez, pero sólo yo puedo entrar. El interior es muy espacioso, y está fresco en verano y calentito en invierno. El suelo es de hierba, y hay troncos de árboles cuyas copas se pierden en las alturas, y que filtran la luz del sol o de la luna, según mi necesidad del momento. Se oye agua y hojas movidas por la brisa. A veces también oigo mi propia respiración. Nada más. Salvo que necesite poner en marcha el impresionante equipo multimedia con que cuenta Mi Lugar. Alta Fidelidad, DVD, video (beta y VHS), super8, televisión digital, todo tipo de instrumentos musicales, y una pantalla de cine con su proyector que dejaría sin aliento a cualquier superproductor de Hollywood con mansión en Beverly Hills.

No necesito lámpara para leer, pero, si la ocasión lo requiere, aparece un sofá de orejas con tapizado inglés, una lámpara de pie, la alfombra del comedor de casa de Baba (con los colores como si fueran nuevos) y una chimenea. La biblioteca es móvil: el libro que quiero recordar siempre está al alcance de la mano, sin necesidad de subirme a ninguna escalera, a pesar de que los últimos estantes están tan lejos hacia el cielo como las copas de los árboles.

Otras veces lo que me hace falta es una película, ya sea comercial o personal. Los colores y el sonido siempre son perfectos, y siempre nuevos e iguales al mismo tiempo. Si lo que busco es un recuerdo, ahí está, fresco y mío.

El mayor problema de Mi Lugar es que no puedo sacar nada de lo que hay allí. En el momento en que saco una foto, un olor, un minuto de infancia para compartirlo, se desdibuja y desaparece. El cerebro y la boca, fuera de Mi Lugar, no son capaces de describir los sueños, se convierten en torpes, simplificadores y decepcionantes instrumentos que no consiguen comunicar nada como es en realidad. Hace años esto me sacaba de quicio. Incluso en ocasiones, cuando visitaba Mi Lugar, me sentía encerrada, presa en él. A veces dejaba de ser refugio para convertirse en una pecera que me aislaba del mundo, cuando yo quería desesperadamente lo contrario. Pero ahora me he resignado a que hay un universo entero ahí dentro, y es como mis tripas. Y las tripas no se enseñan ni se prestan ¿a que no?
Pero esos órganos, esos microchips ocultos, son los que me hacen exactamente como soy. Eso sí lo comparto.

Visito Mi Lugar prácticamente a diario. A veces es una rutina, a veces entro como una exhalación, desesperada. En cualquier caso, siempre dejo algo en algún estante y siempre, siempre, me voy acompañada.


16 June, 2007

Yesterday


Esta mañana me llamó mi hermana por teléfono desde la lejana ciudad donde vive, donde no se ve el mar, pero sí una meseta de tejados que abrigan mil oportunidades para quien está dispuesto a pagar el precio de atraparlas.

Hablamos, cómo no, de nuestra particular y extraña familia, infinitamente más peculiar que la de Maribel. Cuando colgamos, después de más de cuarenta y cinco minutos intensos (mi hermana nunca hace nada a medias), me quedó como un regusto nostálgico y triste. Recordando nuestra infancia y cómo ha cambiado todo desde entonces, y toda la gente que ya no está, unos por tener que acudir a una cita ineludible, otros por querer cerrar puertas y ventanas y olvidar.

En esos pensamientos estaba, cuando sonó por la radio "Yesterday", de los Beatles. "¡Vaya! Lo que me faltaba para completar el cuadro".

Pero, de pronto, como suceden siempre estas cosas (no me caí de ningún burro, gracias a Dios), me di cuenta de que "Hoy" es mucho, muchísimo mejor que "Ayer". Yo soy más fuerte, tengo menos miedo, sé dónde estoy y quién está conmigo. Así que ahora puedo escuchar bien la letra de la canción y darme cuenta de que no habla de mí, sino de un tipo que echa de menos su pasado. Yo tengo mi presente y ese hilo mágico que me conectó con mi hermana. Tan distintas, tan parecidas.

08 April, 2007

Snitch



Llevo un rato dándole vueltas a un tema sobre el que escribir, y no se me ocurre ninguno.
Y, sin embargo, los dedos están ansiosos por que les mande tarea; los pensamientos se mueven tan deprisa que parecen una línea de colores, no me da tiempo a atraparlos con la mano y hacerlos detenerse para mirarlos de cerca. Es como perseguir a la "snitch".
Tengo algo dentro, algo que quiero contar, que quiero explicar, que quiero entender... pero no consigo transformarlo, no ya en palabras, ni siquiera en ideas coherentes. Parece como si habitara en mi interior una abeja gordita y chiquita; sabe que tiene algo muy importante que hacer, y que debe hacerlo enseguida. Pero ¡pobre! no recuerda ni cuál era su misión ni en qué dirección se fue el conejo blanco. Vuela frenética de un lado a otro de mi cabeza, y tengo unas ganas enormes de abrirle la ventana, a ver si se orienta de una vez. ¡Qué mareo!
Foto de sylvar

Herencia

MESA DE MOTA
No debiera de quedarme hasta tan tarde
de la Mesa de Mota en la planada;
luego tendré que descender de noche
por la senda escarpada,
que entre bardas de zarzas y tuneras
ha de llevarme hasta las tierras llanas.

Pero me atrae esta apacible calma,
la quietud de esta hora,
este retroceder hacia la nada,
y estar tan separado de los hombres
pero tan confundido con las cosas amadas,
con las cosas tangibles que contemplo
y con otras también, imprecisas y vagas,
que llegan de distancias estelares
y me prenden el alma.


(...)


Y no soy sólo yo, hay otros seres
cuyas pequeñas almas,
sienten tal vez de modo diferente,
pero sienten también la distante llamada
que como a mí les hace el infinito,
con una voz que, aún siendo incomprensible,
no deja de ser clara.

(...)

A la luz indecisa del reflejo del sol,
que ya casi ha caído,
de naciente a poniente
todo cuanto contemplo me es querido.
No hay un sólo lugar en las montañas
ni en la extensa llanura que no haya recorrido,
y todo me parece
como si fuera mío,
no en la tosca acepción de ser su dueño,
sino más bien de ser yo poseído
por el mundo que abarca mi mirada,
que observo y escudriño
en sus miles de huertos y parcelas,
de árboles y picachos, y sembrados y riscos,
que todos son como una sola cosa
conmigo mismo.

Y por eso, cuando ya en plena noche
a bajar me decido,
en lugar de sentirme solitario
me siento protegido
por esa multitud de seres, cuyas almas
se han venido conmigo.

Y durante mi marcha por el llano
todo a lo largo del camino
ni siquiera hay un perro que me ladre
al escuchar de mis pasos el ruido.
Y llevo el alma más perfecta y mejor
de lo que nunca ha sido




Esto lo escribió mi bisabuelo en 1941, desde su exilio en México, recordando alguna de sus caminatas por La Laguna. No lo conocí, pero lo conozco. En el atardecer de otros lugares y otro tiempo, hemos compartido frecuencia y sintonía. Ya sé a quién agradecer esta parte de mi herencia.

08 March, 2007

Hace dos años...

Tal día como hoy, Día Internacional de la Mujer, hace dos años, caminaba muy temprano por la zona de la Recova con una carpeta azul de cartón (es un material más cálido, más acogedor que el plástico; y tiene un pasado, en casa de mis padres siempre ha habido varias, en color azul, en color teja, y hasta verde botella, conteniendo los más diversos documentos e historias). Caminaba deprisa, con la carpeta apretada contra el pecho, por si de pronto venía una racha de viento (hay que tener en cuenta todas las posibilidades, aunque esa mañana no se moviera ni una hoja a mi alrededor). Es que lo que transportaba no era ninguna tontería. Eran las armas que el Pulgón y yo habíamos reunido para plantar cara a lo que había sido un tiempo de sufrimiento físico y psíquico. Salas de espera de hospitales, agujas, ecografías, esperanzas y profundas, gigantes desilusiones. Decidimos no quedarnos en el suelo heridos, aislándonos el uno del otro en nuestro dolor particular e intransferible. ¡A las barricadas!


Nos pusimos un chaleco anti-balas lo suficientemente grande como para que cupiésemos los dos. Y decidimos armarnos hasta los dientes y pelear.

El primer ataque lo llevé a cabo yo, con mi carpeta azul de cartón, lleno de letras chinas que parecían arañas corriendo sobre nieve.

Y desde entonces, nos sentimos fuertes, invencibles, pacientes como el león, pero poderosos e inamovibles como el rinoceronte.

Hoy hace dos años que presentamos nuestra solicitud de adopción. Y seguimos esperando.

(Foto de Phitar )

15 December, 2006

Baba


El sábado pasado la acompañé desde el almuerzo hasta la noche, como otras veces. Pero en esta ocasión, asistió una invitada especial e inesperada: Baba de años atrás. Alegre, ocurrente, de conversación entretenida y memoria pretérita clara como el agua. Aproveché que llevaba una grabadora para sonsacarle recuerdos de infancia y trazos sueltos de una vida y la gente que se encontró en ella.
Almorzamos juntas en la sala, en bandeja, como dos señoronas, rodeadas de fotografías y presencias. Después de comer, nos sentamos en el despacho, a oír el ruido de fondo de la televisión (cómo adormece) y a cortar retales para una colcha. Los suyos llevan la huella inconfundible de las cataratas, pero al menos hizo el esfuerzo.
Se nos pasó la tarde entre anécdotas, cabezadas y silencios. Merendamos, se nos hizo de noche, regresó su compañía profesional de su día libre, y me despedí. Me fui con la sensación de haber vuelto atrás en el tiempo, a mi abuela de hace un par de años, que había sufrido últimamente una transformación tan aterradora. Yo estaba eufórica. Y sigo estándolo, aunque ahora este sentimiento es más complejo de entender, incluso resulta inoportuno, pero ahí está, y no voy a hacer nada para cambiarlo.
Baba decidió el miércoles emprender el viaje del que tantas veces habíamos hablado. Yo no lo esperaba, a pesar de sus noventa y dos años llenos de días, amores y retos cotidianos. Seguro que ella tampoco lo esperaba, seguro que pensó en darse un poco de colorete antes de viajar, o retocarse la línea de los ojos, o quizá pensó que estaría bien ponerse el broche en forma de hoja.
Entrevió la oportunidad y no lo dudó. Dejó atrás su traje viejo, que estuvimos custodiando hasta que llegó la hora de guardarlo donde se guardan los trajes de su madre y sus abuelos.
La imagino ahora, con el amor de su vida, de punta en blanco los dos, guapos como lo mejorcito de Hollywood, comentando lo que ha pasado en estos años en los que han estado separados. No hay dolor, no hay edad, no hay espacio ni tiempo. Sólo la energía que une a los que aún esperamos a que nos entreguen nuestro pasaje, y los que ya están viviendo la aventura. Los lazos que nos conectaron aquí y que se estiran, se alargan, como si fueran elásticos, para que nos agarremos fuerte cuando llegue el momento de cambiarnos de traje.
No te olvides de ponerte guapa para que me recibas cuando yo llegue. Y avisa a los demás, que quiero verlos a todos. Mientras tanto viviré pensando que me ves y me cuidas en todo momento (¿tendré que empezar a maquillarme y a usar tacones imposibles?). Cuando la tortilla francesa se me llene de "ciscos" por cocinar con aceite de croquetas, me acordaré de ti; cuando tenga que usar imperdibles, me acordaré de ti; cuando llore de risa, me acordaré de ti; cuando recite
"En el piélago inmenso del Atlántico...", me acordaré de ti. Cuando llegue nuestra hija ¡cómo me acordaré de ti!
Te quiero.

01 December, 2006

¿Te gusta conducir?


Estaba cambiando las sábanas y me quedé con una funda de almohada en la mano, suspendido el movimiento en el aire. Se me puso la piel de gallina y una opresión en el pecho como de urgencia.
Solté la funda, salí del dormitorio, y me senté frente al ordenador.
"¿Te gusta conducir?"
Rebusqué entre más de mil resultados hasta encontrar la imágen y la música.
"Simetría"
"Country Waltz" de Angelo Badalamenti.
Mis "amigos" de eMule tuvieron la amabilidad de prestármelo. Estaba tan nerviosa, que me quedé frente a la pantalla mientras se descargaba.
Cuando estuvo listo, con las manos frías como el hielo, pulsé "play".
Los primeros acordes me encogieron el alma, preparada para explotar. Y eso hice. Lloré como hacía años que no lloraba. Cerraba los puños con fuerza, me balanceaba hacia delante y hacia atrás, con los ojos fijos en la pantalla del ordenador, pero sin ver nada a través de las lágrimas.
Lo recordé todo en los escasos minutos que dura el anuncio. Su infancia, los años en que fuimos inseparables, los únicos habitantes de mi casa y de mi vida. Sus ojos. Su tristeza y desamparo cuando Maisa se puso enferma y lo dejaba tantas horas y días solo. Las tardes amarillas de luz y flores y hierba, cuando se sentaba conmigo a leer, y quería estar tan cerca de mí que hasta parecía que se hubiera aficionado de pronto a la lectura.
Recordé lo último que hice por él, el 27 de Diciembre de 2004; cómo lo subimos a la mesa, y le acomodé la cabeza entre mis brazos. Cómo acaricié su pelo despacio, sin pausa, haciendo de mi mano un cable conductor; de todo el amor, toda la gratitud, todo el dolor que me llenaba en aquel momento. Cómo me sentí de sola y abandonada cuando se fue. Lego. Mi amigo, mi compañero de tormentas, mi guardaespaldas más feroz, mi profesor particular en paciencia, sensibilidad, empatía. Quien me enseñó a demostrar amor sin ponerme una careta y sin miedo a ser vulnerable ante el otro.














Empezaron a emitir el anuncio de BMW poco después de que Lego se fuera. No sé por qué razón, desde la primera vez que lo vi, lo relacioné con él (lo llamo "el anuncio de Lego", que me perdonen los publicistas de BMW).
Dejaron de emitirlo, pasaron los meses, luego un año completo, he conocido otros amigos a los que quiero y que llenan mi vida de cosas buenas. Pero ayer, mientras cambiaba las sábanas, tuve la necesidad física de volver a oir sus ladridos, de sentirlo suspirar de satisfacción al lado de la estufa. Abrirle la puerta al dolor, porque de vez en cuando, si no lo dejas libre, se acumula en el pasillo y te impide respirar.

12 August, 2006

Se quema y muero


El Sitio está a cinco minutos a pie de la pista forestal más cercana. Cada vez que puedo, al amanecer o cuando se pone el sol, me llevo a uno de los perros a dar una vuelta al monte.
El suelo es blando bajo mis botas. Voy dejando una huella con cada paso, pero no siento que invado ni profano; siento que entro en casa de mis abuelos, de mis tatarabuelos, y que se me recibe con cariño, como ha sido siempre.
Nunca he querido llevar ningún aparato electrónico que reproduzca música; el sonido del silencio del monte es un placer auditivo, un vehículo que me lleva hacia dentro, hacia esa habitación interior, a oscuras casi siempre, y en la que estoy completamente a solas con lo que soy y lo que he sido, en todos sus matices, sin ocultar nada.
El perro es el acompañante perfecto, es como un eslabón entre el bosque y yo; su ser domesticado me lleva de la mano con su ser salvaje, para que yo pueda percibir la respiración de la montaña; para que perfeccione mi oído y mi olfato, y sea capaz de distinguir los sonidos y el olor de la vida. No de la Vida con mayúsculas: de la vida de esa mañana o esa tarde concretos, del momento irrepetible y grandioso que se me ofrece como espectáculo a mí, la invitada de honor, la hija pródiga que recupera su familia.
El aire es frío, incluso en Agosto. En el conjunto de la orquesta del monte, mis pasos tienen una partitura complicada de ejecutar, y procuro no perder el compás.
El paisaje es siempre cambiante, da la impresión de que se está haciendo un despliegue ostentoso de maravillas, y me hace gracia. Más de una vez me he reído en voz alta en mis paseos, y no me he sentido en absoluto ridícula.
Alguna vez paso por zonas de monte quemado. El pino canario es extraordinariamente resistente al fuego, incluso los ejemplares ennegrecidos, son capaces de enseñar brotes nuevos. Sólo por eso deben llamarnos con razón las islas Afortunadas. Los troncos negros y las pequeñas manchitas verdes hacen siempre que me detenga y me olvide de mi papel en la sinfonía. Da la sensación de que en estas partes del bosque hay más silencio aún; como si el proceso de la creación a partir de la muerte hiciera que la vida alrededor callara con asombro y respeto. Yo hago lo mismo.



¿Quién está matando a mi familia? ¿Quién me está robando? ¿De qué está hecha esa piel, esa nariz, esos oídos, esos pasos, esas botas?

22 July, 2006

Maisa


Esta es la historia de una mujer con un agujero en el centro del pecho. Un agujero profundo, enorme, en el que soplaba un viento helado, que la obligaba a buscar constantemente el calor. Pero ninguna fuente de calor era capaz de dejar fuera al viento. Ningún sueño, cumplido o por conquistar; ningún afecto, ningún amor, consiguió llenar el agujero y protegerla del viento frío que, con el tiempo, bajó hasta el costado, y allí se hizo poderoso desde lo microscópico, se extendió por todas partes, y se llevó consigo a la mujer.
Desde chica intuí que tenía una misión importante que cumplir. Tenía que hacer de puerta gruesa y pesada y, al mismo tiempo, de hoguera, de manta y de bufanda. Debía conseguir vencer al frío, al viento, y que Maisa pudiera, por fin, descansar y calentarse sin prisas, mientras tomaba un café con leche. No lo conseguí nunca. Y sé que ella lo esperaba de mí, lo necesitaba de mí.
De niña avanzaba a tientas, por pura intuición, y por puro amor. En ocasiones me parecía haber encontrado la fórmula mágica, pero el conjuro no conseguía más que el pobre calor de una bengala. A los niños (a mí, al menos), les cuesta digerir la frustración. Para hacerlo, fui creando, poco a poco, Mi Lugar. Tenía (tiene) forma de cúpula; es de cristal y, aunque algunas personas (pocas) se han asomado, ninguna ha podido entrar en él. Dentro se está bien, se oye el ruido del agua, siempre es de dia, el suelo es blando. En Mi Lugar guardo, en una mezcla de formatos imposible, recuerdos, imágenes, películas, libros e invenciones. Y un cojín en el centro, donde me siento y recupero lo que necesito en cada momento. En aquellos años en los que intentaba salvar a mi madre del viento, lo visitaba muy a menudo.
Con el tiempo, abandoné la lucha. Decidí que era demasiado doloroso no llegar nunca, no ser capaz, no ser suficiente. Y me alejé. Me fui tan lejos que me convertí en una extraña, pero una extraña que, bendecida por una fortuna que aún me aturde, encontró su Sitio, el perfecto contenedor de Mi Lugar. No es sólo una casa y una ubicación geográfica, sino también una ubicación personal respecto a lo pasado y al presente. Ya hablaré de El Sitio en otra ocasión, y de cómo está indestructiblemente unido a Maisa, cosas de los amores y los lazos invisibles.
Al final, una mañana espléndida de domingo, en abril, cuando más lucía el sol, dejó de buscar calor, o se fue a buscarlo a otro sitio, lejos de nosotros. Y casi, casi, recojo de su almohada el agujero del pecho, y casi, casi, se me pega a la camisa en esos días. Creía rendirle homenaje cargando con su frío. Pero, con el paso de los meses y un diván (gracias, Maite) el agujero desapareció solo, se fue a buscar un pecho más propicio.
Esta noche siento la necesidad de hablar con Maisa, y de pedirle perdón por haberme rendido y, pura contradicción, para decirle lo aliviada que me siento por haberme rendido a tiempo; si no, tal vez ahora sentiría un viento helado por dentro.

21 June, 2006

Miedo

Baba se cayó esta tarde. En su obsesiva precipitación, quiso comprobar por enésima vez que el taxi que esperaba, efectivamente, asomaba al principio de la Rambla. No sé a dónde iba esta tarde. Probablemente uno de sus planes de estos últimos tiempos, tan distintos a las tardes de canasta en el Casino, a las visitas a tia Consuelo, en las que hacía de enfermera y no de enferma, a las meriendas de miércoles como la de la foto. No, últimamente el miedo no la deja hacer lo que hacía antes. Se resiste como una fiera a dejarse vencer, a dejar de maquillarse, de vestirse y ponerse sus perlas y su alianza diminuta. Busca deseperada un plan, un objetivo, una misión para cada tarde de cada semana de cada mes. Algo que la obligue a salir de la casa, por si al mismo tiempo, le abriera un resquicio, aunque fuera pequeño, por el que salir del miedo.
¿Dónde quería ir hoy? Me lo pregunto una y otra vez, aunque no tiene ninguna importancia. Pero ¿a dónde iba? ¿A casa de su amiga de los lunes, donde rezan el rosario y "unas oraciones tan bonitas" (dicho esto, siempre me recita una de San Juan de la Cruz)? ¿A casa de su tia (aunque parezca una errata, mi abuela de noventa y dos años, tiene una tía)? ¿Dónde iría? Sé dónde y cómo terminó su tarde, pero no sé cuál era su misión de hoy, su salvavidas de hoy.
Su tarde terminó en el servicio de urgencias. Un chichón, un ojo morado y las rodillas desolladas e hinchadas. Y el miedo, multiplicado por mil. El miedo, crecido, enorme, reluciente, fuerte, invencible. El miedo, que es lo único constante y seguro , lo único que siempre está ahí. Maldito sea. Arruinando lo último que le queda.
La fui a ver muy tarde, cuando salí de trabajar. La encontré arreglada, con una chaqueta de verano blanca y negra, rimmel y perlas. La acompañé a acostarse y vi su cuerpo consumido, encogido, aplastado por el miedo. Le di un beso de buenas noches y la dejé rezando el rosario, dejándose acunar por lo único a lo que no teme. Le doy gracias a Dios por eso.