01 December, 2007

La familia y uno más


Nuestro viaje a Madrid no incluía sólo visitas a lugares de interés o interminables caminatas por calles con encanto. Había otros platos fuertes. En primer lugar, íbamos a ser huéspedes de mi hemana. Por fin iba a conocer su casa en el continente. Su envidiadísima casa en el mismo centro de Madrid, y por la que paga un alquiler ridículo. A lo mejor al público en general esto le parece un milagro o que esconde detrás algo turbio. No, no, es mi hermana. Ella es así y le pasan esas cosas. Me gustó verla tan dueña de su madriguera, tan integrada en el barrio (no para de dar besos desde que sale del portal). Me presentó a tantos amigos que al final, dos hombres con barba para mí eran la misma persona, y llegué a decir cuando me dijo "Mira, éste es ..." "no, si ya lo conocí ayer". Todo el mundo puso cara de desconcierto, pero reaccioné haciéndole fiestas al Yorkshire del señor de barba. Espero que mi hermana le explique que es que yo soy así, limitadita. Para CSI no valdría ni una peseta.

También nos llevó al Paraíso a desayunar. No se llama así, pero ha quedado grabado en mi memoria con ese nombre. Una panadería con mesas y cafetera. Combinación genial. El olor a pan recién hecho abre el apetito que es una barbaridad. Esos panes con semillas abiertos en canal, con su chorrito de aceite de oliva y su tomatito... O esos croissant esponjosos con mermelada. Y jugos naturales de distintas frutas, hechos al momento en la licuadora. Por supuesto, el personal de la cafetería saluda a mi hermana de beso, y algunos clientes, también. Tardamos sólo dos horas (enteras, con todos sus minutos) en desayunar, pero pasarán años antes de que la añoranza de ese bendito lugar deje de atormentarme.


Otra de las razones de peso para ir a Madrid era conocer mediante el sentido del tacto a la familia S-J, recién llegados de China con su hija (nuestra sobrina internética; se dice así) Blanca NianCui. Se trata de una de esas historias de internet, la red en la que las vidas de personas antes desconocidas, se cruzan de una manera total y definitiva y se forjan amistades con un peso específico asombroso.
Nos perdimos sólo dos veces; un callejero 2007 no sirve de nada si no ves el mar para orientarte. Llegamos a la hora de la merienda, con un brazo de gitano de manzana y un retal y un deseo para la Colcha de los 100 deseos de Blanca. Nos recibió una casa llena de vida, de dientes de leche, de sonrisas, de literas. Intercambiamos regalos (ellos nos dieron un cuento para nuestro futuro hijo), el Pulgón se sentó con una niña en cada pierna y empezamos a diseccionar El Viaje, que nosotros pretendemos emprender algún día, antes de que nos manden los sobrinos al Centro de Mayores (aquí habla nuestra Paciencia, que es de santo, pero a veces le sale el ramalazo rebelde y protesta por esta espera eterna). Nos contaron lo cotidiano y lo extraordinario; consiguieron que nos sintiéramos como si los estuviésemos ayudando a deshacer las maletas. Vimos toda la casa, prestando especial atención a las habitaciones de los niños, para tomar nota mental de un montón de ideas geniales (recuerden: literas plegables. No digo más). Y a todas estas, cinco niños y cuatro adultos moviéndonos en una casa que también es madre, porque acoge a siete, a nueve y a mil; siempre cálida, siempre armoniosa. ¿Será así todos los días? ¿O todo estaba ensayado y vuelto a ensayar? No, imposible. Mirando a cada uno de los miembros de la familia S-J te das cuenta de que nace de ellos, son el generador. Y de que todos encajan a la perfección, como si se tratara de un puzzle que habla, se mueve y opina.

Después de merendar fuimos a dar un paseo guiado por Madrid (las dos más chicas en sus cochitos, pero la rubia divina exigía tenernos al Pulgón y a mí a los lados, cada uno cogiéndole una mano). Entramos a una heladería italiana y la llenamos en un segundo. Perdonen la foto tan oscura, pero no tengo otra. Chicos, si de las que ustedes sacaron hay alguna mejor, me la prestan. De todas formas, no me hace falta foto para recordar. En mi retina están las imágenes mucho mejor iluminadas, dónde va a parar.
Nos despedimos como si nos fuésemos a ver el fin de semana siguiente. No fue ese, ni el siguiente a ese, pero será pronto. Aquí o allí, pero pronto.



24 November, 2007

Matrimonio de provincias





Tras un vuelo incómodo, como sardinas en lata, una lata ruidosa y, según esta sardina, poco estable, llegamos a Barajas. Terminal 4. En lugar de la típica guagua "rara" que parece que no tiene principio ni fin, (un gusano sin cabeza), te lleva al edificio terminal un tren. Desde ese momento quedó claro quién volvía a casa y quién, como nosotros, aterrizaba en una capital: caras de lechuga mustia e inexpresiva unos, risitas nerviosas y excitadas otros. Ya fuera del tren, seguimos la señalización pero, sobre todo, seguimos a las lechugas más inexpresivas que parecían saber lo que hacían.


Cuarenta y siete minutos esperando por nuestras maletas, seguramente gracias al modernísimo sistema de distribución de equipajes con que se dotó a la nueva Terminal.


Parada de taxis algo caótica, con pasajeros que, constantemente, contradecían la lógica de los taxistas acerca de qué vehículo estaba el primero en la fila (unos u otros no vieron algún capítulo importante de Barrio Sésamo). Pulgón y yo nos subimos en el del primer taxista que nos miró a los ojos (quinto coche, segunda fila). Como nadie pareció protestar, emprendimos viaje, mientras el conductor nos contaba detalles acerca de la sordidez y peligrosidad "harlemiana" de la dirección a la que nos dirigíamos. Nos dejó en nuestro destino, con nuestras maletitas a los pies, y cara de Pardillos S.A.

A estas alturas de la noche, la una hora peninsular, el hambre puede más que el miedo, así que nos metimos un par de billetes en distintos bolsillos, el carnet de identidad entre los dientes, nos pusimos la cara de "cuidado conmigo, chaval" y nos fuimos a buscar sustento. Dos esquinas más allá estaba la Gran Vía, y ahí nos confundimos entre la multitud y volvimos a disfrazarnos de Paco Martínez Soria (con boina, con boina). ¡Qué animación! ¡Qué ambientazo!

Entramos a un café de aire cosmopolita y trasnochador. Dos hamburguesas, Coca-Cola y cerveza, y comimos felices. Nos volvmos a calar la boina hasta las cejas cuando nos trajeron la cuenta. 25 € (cuatromil pehetah). Claro, no es lo mismo comerte un bocadillo en una gran capital que en una islita de la costa africana. Dónde va a parar.

Hay qué ver cómo cansa vivir en la gran ciudad. Casi ni nos dimos las buenas noches, perdimos el conocimiento antes de apoyar la cabeza en la almohada. Eso sí, en la intimidad, nos quitamos la boina.

04 November, 2007

1 de Noviembre
















(Ambientillo por fuera de mi casa)









Escrito por Guru:

"En directo a las puertas de "El Sitio" se concentra multitud de público, tres furgonetas de cadenas de televisión y un grupo de periodistas de emisoras locales.

La policía local, ante la inesperada avalancha de gente, ha tenido que personarse alrededor de la finca por la llamada de un par de vecinos alarmados y los agentes han tenido que formar una cadena humana entrelazando sus brazos para evitar que la gente salte los muros.
Las cámaras están dispuestas, los focos encendidos, los bolígrafos a la espera de las primeras palabras de Lego, que hoy, señores y señoras, comienza todo un mes de vacaciones.

La gente aquí congregada necesita saber qué experimenta un ser humano ante 30 días naturales de ocio y asueto. Vida contemplativa.
El ambiente no puede describirse. Es difícil ver la parte principal de la casa entre tanta pancarta. El ambiente es festivo e incluso algunos han venido disfrazados aprovechando la festividad del día de los Santos.
Pero ... atención ... parece que hay movimiento dentro de la casa.
¡Sí! entre los ladridos de varios perros destaca una voz femenina.
¡Sí! es ella. Ahí está ..... alta, con ropa de campo, casual e informal pero elegante, con su melena rizada y rojiza al viento ....
ES ELLA!!!! El público está como loco, aplaudiendo, vitoreando, se oyen expresiones de "porque tú lo vales, baby", "vacaciones, vacaciones, oe, oe" .... qué ambientazo señores. Es una pena que no todos puedan compartir este momento. Es tan emocionante.
Atención! parece que se acerca a la entrada! viene acompañada de varios perros y en concreto uno negro, pequeño, no para de dar saltos y enredarse en sus piernas. Levanta un brazo para saludar al público congregado y sonríe abiertamente, aún medio dormida.
Lego! Lego! buenos días! ... por favor, unas breves palabras .... ante todo nuestra más sincera y cordial enhorabuenta pero .... el mundo necesita saber......

¿qué se siente al estar de vacaciones?"













(Mis amigos los bomberos se dieron un salto, por si eran necesarios.
Siempre lo son :)