24 April, 2008

Maruchi va de crucero




Vivo en una isla. Una isla maltratada, con una proporción de grandes superficies por mil habitantes asfixiante. Pero NO HAY LIDL. Y si participas en El Cafetito y vives donde NO HAY LIDL, te sientes como un niño chico que escucha una conversación de mayores. Sabes que hablan de algo interesante, de algo que te mueres por conocer, pero te faltan datos, hablan en clave...

Así que decidí hacerme mayor y tener conversaciones de mayores.

Me ayudó Biznaga (gracias otra vez), que vive en una preciosa ciudad junto al mar donde SÍ HAY LIDL. Vigiló, esperó, escuchó, y por fin, la esperada noticia: salía a la venta la Bifinett. Qué nombre tan feo ¿no? En El Cafetito la llaman Marujita. Yo, por mis conexiones orientales, la llamé Maru-chín. Maruchi para los amigos.

¿Dije ya que vivo en una isla? Eso hace que a Biznaga no le fuera fácil hacerme llegar el paquete. La solución, complicada, pero con mucha, mucha clase: Maruchi llego al puerto de mi ciudad a bordo del crucero Vision Athena. Dice que se lo pasó muy bien, que no se mareó nada, que el Capitán Stubin es muy simpático. Ya en casa, me confesó que también había conocido a un horno eléctrico italiano, muy atractivo, que la dejó flechada. Amores de crucero, qué bonito.

23 March, 2008

El Pobre Don Pancho




Mi madre lo recitaba de carrerilla, y su público (yo), abría cada vez más la boca, mi cara pasaba por todas las emociones recitadas. Extrañeza, preocupación, suspense, ¡¡júbilo!!

De pronto, un día, me entró la desesperación por no conseguir recordar todas las estrofas, y porque Maisa ya no me lo podía recitar. Lo busqué en internet y no hubo manera. Averigüe que el autor es Federico Martínez Rivas, nacido en Bogotá. Así que le pedí ayuda a mi amigo (y, sin embargo, compañero de trabajo) Luis, compatriota del poeta. ¡Lo consiguió!

Ahora lo transcribo por si alguna otra niña (o niño) lo busca desesperada.

(Nota: para disfrutar el poema como merece, aconsejo leerlo en voz alta).



.
El pobre Don Pancho que vive en su rancho

con su mula negra, su vaca barcina

su perro, su gato, su alegre cochina

y otros animales de igual condición,

hoy está gimiendo con honda tristeza

¿Qué tiene Don Pancho? ¡Dolor de cabeza!

¡Pobrecito Pancho de mi corazón!

..


Bajando la oreja la mula se queja,

lloran la cochina, el perro y el gato,

rebuzna la mula, da gritos el pato,

la vaca no quiere dejarse ordeñar.

Todos por el amo sufren pena intensa,

y hasta un ratoncito que anda en la despensa

mirando a Don Pancho, se pone a llorar.

...


Ante tanto duelo apiádase el cielo,

y hace que Don Pancho con mente afanosa

recuerde que tiene guardada una cosa

que un médico amigo le dió antes de ayer.

La saca, la mira, la huele, la toca...

la pone en sus dedos, la pone en su boca,

y ¡zas! se la traga con mucho placer.

Y sus animales, viendo muecas tales,

miran como Pancho traga la tableta.

¿Será que Don Pancho perdió la chaveta?

¿Será que Don Pancho se va a suicidar?



Y atentos, ansiosos, callados y lelos,

abiertas las bocas, parados los pelos,

están esperando lo que va a pasar.

....



De pronto da un salto de tres varas de alto,

y exclama dichoso con voz conmovida:

"Mi mula del alma, mi vaca querida,

mi gato, mi liebre, mi pobre ratón,

ya pasó mi pena, ya estoy aliviado,

la gran aspirina, remedio adorado,

ha sido la tabla de mi salvación".

.....


Y se arma en el rancho el gran zafarrancho,

bailan como locos el perro y el gato,

rebuzna la mula, da gritos el pato,

el señor conejo danza un rigodón,

se muere de risa la vaca barcina,

baila en una pata la alegre cochina

y en medio de aquella feliz confusión...

"¡Viva!" grita Pancho "¡La gran aspirina!

¡La gran aspirina de mi corazón!"


08 March, 2008

El Juego de las Horas

Es el título del libro que acabo de leer. Pero también es a lo que me he dedicado hoy. A jugar con las horas, a no dejarlas pasar veloces y vacías, a obligarlas a que me buscaran en mi escondite, para así salir a buscarlas yo a ellas.

Sentada bajo el árbol, dejando que el sol me rozara la espalda y viendo cómo se deshojaban las flores del ciruelo y caían como si fuera nieve. Nieve blanca en un dia de azul y amarillo.