18 January, 2012

Ducha filosófica

Anoche, mientras me duchaba, miré por la abertura de la cortina y vi la toalla de manos colgada de su gancho, descuidadamente. Vi el cepillo de dientes de Bambú pegado con sus dos mini-ventosas en un azulejo sobre el lavabo. Vi el dispensador de jabón de manos Deliplus. Vi mi ropa sucia tirada de cualquier manera en el suelo. Y pensé que todo puede cambiar en un segundo. La vida se puede volver del revés como un calcetín, en lo que dura un parpadeo. Lo que ahora es, en el instante siguiente estalla en mil pedazos.

Tengo miedo, y hace unos años no lo tenía. No sé si es por los cambios maravillosos que he vivido, o porque me hago vieja.

Se supone que cuando cumplimos años nos hacemos más sabios, pero yo lo que he adquirido es nuevos y terribles miedos.

Hace unos meses encontré la inspiración en un perro flaco. Se le marcaban dolorosamente todos y cada uno de sus huesos. Tenía los ojos brillantes, las orejas tiesas, y caminaba decidido sorteando coches y peatones. ¿A dónde iría con esa determinación? Me contesté a mí misma: "Al cielo de los perros, porque lo va a escachar un coche dentro de nada". Y repliqué: "Tal vez sí, tal vez no. Pero sea como sea, en este instante, no tiene miedo a la muerte, al dolor, a la enfermedad, al hambre, ni a la soledad".

¿Por qué yo sí?

4 comments:

FJ said...

Sólo se tiene miedo cuando sientes que puedes perder algo que te importa mucho.

No es tema de edad, es tema de que te gusta vivir. :-)

Desde luego, hay cosas que contribuyen muy positivamente a ese gusto por la vida, ¿verdad? ;-)

Un saludo,

. . . Francisco Javier

Lego y Pulgón said...
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Lego y Pulgón said...

¡¡¡EXACTO, FJ!!!

Ra said...

Como decíamos el otro día, estoy de acuerdo con FJ. Tu miedo es porque ahora eres madre y has descubierto otra forma de vida que no quieres perder. No es que yo quiera morirme ya, jaja pero mis "miedos" son distintos. Yo siento una pena e indignación terribles por todas las miserias e historias que veo a diario pero miedo no. Porque si todo se tuerce hago el petate y me voy. No tengo esa responsabilidad o carga emocional derivadas de la maternidad ni por otro lado, claro, tampoco conoceré las satisfacciones que puedan dar los hijos. En resumen y para no aburrirte, lo que voy a hacer es irme muy lejos, conseguiré un pedacito de tierra y os llevaré conmigo. Ya nos repartiremos las tareas. Confío que aprenderemos a vivir sin adsl y 3G.