18 January, 2012

Ducha filosófica

Anoche, mientras me duchaba, miré por la abertura de la cortina y vi la toalla de manos colgada de su gancho, descuidadamente. Vi el cepillo de dientes de Bambú pegado con sus dos mini-ventosas en un azulejo sobre el lavabo. Vi el dispensador de jabón de manos Deliplus. Vi mi ropa sucia tirada de cualquier manera en el suelo. Y pensé que todo puede cambiar en un segundo. La vida se puede volver del revés como un calcetín, en lo que dura un parpadeo. Lo que ahora es, en el instante siguiente estalla en mil pedazos.

Tengo miedo, y hace unos años no lo tenía. No sé si es por los cambios maravillosos que he vivido, o porque me hago vieja.

Se supone que cuando cumplimos años nos hacemos más sabios, pero yo lo que he adquirido es nuevos y terribles miedos.

Hace unos meses encontré la inspiración en un perro flaco. Se le marcaban dolorosamente todos y cada uno de sus huesos. Tenía los ojos brillantes, las orejas tiesas, y caminaba decidido sorteando coches y peatones. ¿A dónde iría con esa determinación? Me contesté a mí misma: "Al cielo de los perros, porque lo va a escachar un coche dentro de nada". Y repliqué: "Tal vez sí, tal vez no. Pero sea como sea, en este instante, no tiene miedo a la muerte, al dolor, a la enfermedad, al hambre, ni a la soledad".

¿Por qué yo sí?

18 August, 2011

¿A dónde va?


Saray Li, me dueles



Cuando te conviertes en condensador de sentimientos. Cuando tienes una fuente potentísima de energía de amor, que ha estado en tu útero o no, eso es anecdótico. Cuando acumulas, y acumulas, y acumulas. Cuando das, y das, y das.
¿A dónde va todo eso, si tu motor se para, si en tu universo aparece de pronto un vacío de amor terrible e imposible de reparar? ¿Qué hacer con todo ese sentimiento? ¿A dónde va?
¿A dónde ir?

09 July, 2011

La nieta del Señor Linh


El señor Linh tiene que salir de su aldea arrasada por la guerra. De su familia, sólo queda su nieta, Sang Diu, su Mañana Dulce. Con ella en brazos y bien protegida, abandona su país en un barco, hacia otro radicalmente distinto en todo: idioma, paisaje, comida, gente, olores.

Mientras vive con otros refugiados en unas instalaciones comunes, se hace amigo de un hombre del país de acogida. con el que no puede hablar, pero con el que se entiende desde la expresividad, los gestos y la rutina.
Es la amistad lo que consigue por fin que el señor Linh se sienta más seguro, más cercano y más persona. Lo que lo mantiene con vida es eso, y el deseo feroz de proteger a su nieta, y de darle un buen futuro. Mientras, le canta una y otra vez una canción que aprendió de chico, y a la niña parece calmarla.


Pero un dia las autoridades lo cambian de alojamiento a otro con mejores condiciones, y el señor Linh no consigue expresar la angustia que le da no volver a ver a su amigo, a su ancla.



Es un libro chiquito, manejable, amable. Sólo 126 hojas. Pero tan intenso, tan lleno de ternura (ODIO esta palabra, me parece de lo más cursi, pero es que es un libro muy tierno. Y no me lo hagan repetir más, que me lleno de ronchas). Las últimas páginas las leí desayunando en mi cafetería habitual. Primero fueron tímidas lágrimas que conseguía disimular. Luego ya fueron sollozos, hipidos, mocos, y los camareros que me miraban de reojo, preocupados. "Hay que ver, lo deprimida que está esta chica, y nadie lo hubiera dicho, tan normal que está todos los días. Hoy no debe haberse tomado la medicación".
-"Nada, nada, hoy invita la casa mujer"
-(con un hilito de voz y aún con el corazón encogido p0or la historia del señor Linh) "Gracias"